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Location: Santiago de Chile, Región Metropolitana, Chile

Editor: Neville Blanc

Tuesday, June 22, 2010

importante factor de integración entre los pueblos de Perú y Chile

"Unidos por la fe, peregrinando del mar a la cordillera"
Autores: Luis Herrera, Tito Alarcón y otros.
Editorial Novum
Patrocina: Brescia y Sigdo Koppers de Perú y Chile


Publicación Devociones que enlazan fronteras:
Perú y Chile unidos por las fiestas religiosas


"En el horizonte de lo religioso, siempre hay para el hombre esperanza; la fe allana tiempos y territorios", asegura Isabel Cruz en el prólogo del libro "Unidos por la fe", que será presentado mañana en la embajada de Perú en Chile, junto a los cardenales de ambas naciones.

El Mercurio Santiago de Chile
domingo 20 de junio de 2010
Actualizado a las 6:37 hrs.

Maite Armendáriz Azcárate
Con elocuentes textos en castellano e inglés y una generosa selección de imágenes, una nueva publicación de Editorial Novum recorre y registra 10 fiestas religiosas que cada vez más habitantes de Chile y Perú celebran en localidades que van del mar a la cordillera.

Sus autores, encabezados por Luis Herrera Aguerrevere, ingeniero venezolano, y Tito Alarcón, fotógrafo y licenciado en historia, desde hace un buen tiempo se encuentran explorando aquellas manifestaciones que expresan la identidad y definen el "alma de Chile".

El tema de la piedad popular lo han investigado a fondo en el norte, centro y sur del país, y ya han realizado varias publicaciones. En su trabajo en terreno encontraron similitudes muy llamativas entre las manifestaciones de fe en Perú y Chile. Las más importantes sin duda son la celebración en ambos países del Señor de los Milagros y de Santa Rosa de Lima, que permiten percibir de forma transparente la vinculación de historia y fe de ambos pueblos. "Impresiona ver la devoción a Santa Rosa en Pelequén, en donde predomina la devoción del huaso a la primera Santa de América". Herrera señala que también la esmerada organización del Señor de los Milagros en Santiago, que cada año permite una multitudinaria manifestación de piedad por las calles del centro, "reafirma la idea cierta de que somos hijos de un mismo Padre".

Agrega que en la propia frontera de ambos países, entre Tacna y Arica, se venera al Señor de Locumba y a la Virgen de Las Peñas, con la expresividad propia de los bailes religiosos. "Es la frontera que se hace permeable a los bailes de la fe, miles de peruanos y chilenos asisten indistintamente a una y otra celebración, siempre unidos por sus creencias".

Multitudinarias procesiones

En pleno siglo XXI -apunta el cardenal Francisco Javier Errázuriz en estas páginas-, la vida de las grandes ciudades de América Latina, de los campos y de los pueblos se detiene. "Las multitudinarias procesiones y los incontables peregrinos revelan el rostro asombroso de nuestra existencia; sus rasgos más humanos a la vez que más trascendentes".

El libro "Unidos por la fe, peregrinando del mar a la cordillera", aclara de qué modo estas manifestaciones llenas de colorido, música y cofradías de bailes reúnen a personas de diferentes condiciones y latitudes para celebrar, pagar una manda, recordar a los difuntos, tocar el velo de una imagen sagrada son expresiones de piedad popular, y si bien cada una de las diez seleccionadas expresa una misma fe, son a su vez expresiones visibles, donde aparecen las infinitas variedades y matices que sensibilizan a cada país, en el libre juego de las ocurrencias e inspiraciones del pueblo. Para Luis Herrera esto recuerda una frase de San Agustín de Hipona referida a la Iglesia: "En lo esencial, unidad; en lo accidental, diversidad".

Agrega que las devociones a Nuestro Señor, por ejemplo, que en la obra figuran representadas por el Cristo de Locumba, el Señor de Luren en Ica, el Señor de los Milagros, el Cristo de Mayo y el Nazareno de Caguach tienen un acento penitencial. "El pueblo se inclina ante el Crucificado, la Víctima Inocente, incorporando hábitos procesionales de ancestro hispánico, pero dulcificados. En los casos de Locumba, Luren y Caguach, las localidades giran en torno a la imagen sagrada y las fechas de la celebración". Agrega que, en cambio, las devociones marianas que en el libro destacan La Virgen de las Peñas, en Livilcar, Arica, y la Virgen de Chapi en Arequipa, están imbuidas de ternura y comunicación, "en todas ellas está presente el tono 'filial' con que el pueblo mira a la Virgen.

Además de investigar los orígenes y el desarrollo histórico de cada celebración, los autores se propusieron realizar un trabajo testimonial. Caminaron por ejemplo los más de 20 kilómetros a pie de ida y vuelta al Santuario de las Peñas: "En ese paisaje excepcional, nos encontramos a medio camino con el obispo de Arica, monseñor Vargas, cubierto en buena parte del polvo levantado por los peregrinos o con la sobrecogedora escena de un anciano que, pasados los 80 años, hacía el trayecto penitencial parando cada pequeño trecho hasta llegar; después de un día de lucha contra las propias limitaciones de un cuerpo gastado, a los pies de la Virgen de Las Peñas; feliz, emocionado, dejó caer la ofrenda de sus lágrimas". Herrera recuerda que, estando en Las Peñas, decidieron retornar unos kilómetros para hacer algunas tomas de los peregrinos y Tito Alarcón, fotógrafo, se quedó dormido sobre unas peñas, extenuado luego de largas jornadas. "Una cándida peregrina pasó a su lado y con toda seriedad comentó, pobrecito, murió sin haber llegado...".

Luis Herrera reconoce que en la idea de realizar esta obra fue fundamental el apoyo que les brindó Marco Antonio Órdenes, obispo de Iquique. "El prelado nos estimuló desde nuestros inicios, siendo una fuente imprescindible de conocimientos y experiencias en este tema tan fascinante".

Asimismo, el Embajador de Perú en Chile, Carlos Pareja, nada más conocer el proyecto se convirtió en su impulsor: "Las experiencias religiosas vividas conjuntamente por peruanos y chilenos nos identifican como miembros de una comunidad de valores y configuran el nuevo rostro popular de la relación vecinal de ambos pueblos. Sobre la base de dicha experiencia religiosa y cultural conjunta descansa la visión del futuro compartido que nos corresponde forjar al Perú y a Chile", expresa Pareja en la sexta página de este volumen.

La publicación es patrocinado por del Grupo Brescia y el Grupo Sigdo Koppers, de Perú y Chile respectivamente. Si bien la primera edición será distribuida por los patrocinantes, ya se trabaja por lograr una segunda edición con características que permitan una distribución masiva, especialmente en el circuito de instituciones educativas.

Señor de Locumba Tradiciones del alma americana
El 4 de agosto del 1700 llegaron a este poblado (ubicado a 96 km al norte de Tacna), Perú, dos figuras de Cristo arriba de un burro blanco sin dueño. El animal los portaba en dos cajas, una rotulada "Señor de Locumba'', y la otra, "Señor para el Valle de Sama". Después de esperar en vano que alguien los reclamara, los vecinos decidieron cumplir lo dispuesto en los rótulos, pero como el Cristo del Valle de Sama era más grande se tentaron en dejarlo para ellos y enviaron el otro. Sin embargo, la mula que lo cargaba, al primer kilómetro se negó a seguir caminando; eligieron un animal más fuerte, pero antes de los 300 metros el robusto animal se doblegó. Arrepentidos consagraron "su Cristo como patrón" y desde entonces encabeza uno de los santuarios más fervorosos de Perú. Cada 14 de septiembre congrega miles de fieles y cofradías de bailes religiosos que llegan desplegando su gratitud y devoción desde Ilo, Tacna y Arica.

Santa rosa de lima
La joven que sólo alcanzó a vivir 31 años interpretaba con exactitud a quienes se acercaban a ella; no sólo solía adelantarse a los acontecimientos, sino que su misericordia la desplegaba entre los más enfermos. La obra de la primera santa de América traspasó las fronteras. El cariño y devoción de los chilenos por ella se grafica en Pelequén, donde se ubica su popular santuario. En el de Lima, cada 30 de octubre miles de peregrinos ponen sus peticiones por escrito en un sobre que hacen bendecir y luego arrojan a un antiguo pozo en el patio del convento.

El Señor de los Milagros
A mediados de octubre atraviesa en andas la Plaza de Lima, y desde hace 10 años la Plaza de Armas en Chile. Sobresale en medio de las capas moradas de los cofrades y el velo blanco de las sahumadoras que le ofrecen incienso. Al centro de la pintura reina el Cristo moreno, y lo rodean el Padre y el Espíritu Santo, y la Virgen con el corazón traspasado junto a Santa María Magdalena. La imagen original pintada en una pared quedó intacta en 1655, aunque la ciudad de Lima entera fue azotada por un terremoto. Desde ese momento fue coronada como "Señor de los milagros". "Quién iba a imaginar que una imagen del Redentor crucificado plasmada por un esclavo angoleño en el año 1651 en una pared pudiera -al cabo de los siglos- generar un gran fervor popular en el Perú y en el extranjero", dice el Cardenal Juan Luis Cipriani, Arzobispo de Lima. Le resulta "elocuente y esperanzador comprobar la común identidad católica que une a ambas naciones, y que es un importante factor de integración entre los pueblos de Perú y Chile".

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