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Editor: Neville Blanc

Sunday, March 28, 2010

PARRANDA LARGA


Nicanor Parra: "Bolaño me puso en órbita de nuevo"
En abril de 2009, la agente española Carmen Balcells llegó a su casa de Las Cruces. "¿Tú te opones a que te haga multimillonario?", le preguntó. Un año después aparece el primer fruto: Parranda larga, una antología de su obra que circulará en toda Hispanoamérica.

por Andrés Gómez Bravo

La Tercera - 27/03/2010 - 13:20
Se subió al escarabajo y lo echó a andar. Nicanor Parra quería cargar la batería de su auto y decidió dar una vuelta a Isla Negra. Atardecía. El antipoeta salió de Las Cruces, tomó el camino costero, pero no llegó a Isla Negra: a la mitad del recorrido dobló por un callejón desconocido. "Sepa Moya por qué me metí por ahí", dice. Era un pasaje de tierra empinado y desierto. Más arriba se veía una carretera. Antes de alcanzar el asfalto, el escarabajo se paró. Lo encendió de nuevo. Nada. Lo intentó otra vez. Nada. Comenzaba a oscurecer. "De repente llegaron perros. Una jauría de perros vagos", recuerda. La noche se venía encima, los perros rodeaban el auto y "no se veía ni un alma". Entonces se le encendió la ampolleta: soltó el freno, puso reversa y mientras el escarabajo retrocedía por la pendiente, el motor prendió. Y pudo salir de ahí. Pero en esa maniobra atropelló a un perro. "Uf, ese fue mi terremoto personal", dice.

Han pasado dos días y el escarabajo está estacionado en la puerta de la reja. "Ahora me pregunto, qué habría hecho si el auto no parte", cuenta. "Me habría puesto a gritar socorro. ¡Pero habrían llegado los flaites!", dice con un gesto de alarma.

El terremoto y los flaites impresionaron al antipoeta. "Fue tremeeeendo, compadre", expresa. La madrugada del 27 de febrero Parra estaba en Las Cruces, a cientos de kilómetros del epicentro, a diferencia del terremoto de 1939. "Esa vez estaba en Chillán. Ahí fui protagonista".

Y aunque ahora se encontraba lejos del epicentro, las imágenes de los daños y los saqueos lo impactaron. "Los flaites, compadre...", dice moviendo una mano.

Es un día soleado y la puerta de la casa está abierta. Nicanor trae un cuaderno de matemáticas bajo el brazo y un lápiz bic negro en el bolsillo de la chaqueta. Escribe a la menor provocación. Versos sueltos, frases huachas. Tiene innumerables cuadernos manuscritos. Pero el terremoto le dejó una ecuación por resolver.

"El problema del día es qué hacer con las palabras. ¿Qué pasa después del terremoto? ¿Cómo expresar el desastre?", se pregunta. Y recuerda una de sus citas favoritas de Antonin Artaud: "Toda escritura es una inmundicia, una porquería".

Amigo de las paradojas, Parra pone en jaque el concepto de autor. Dice que hoy el autor como creador ya no cuenta. "El autor tiene que ser un coordinador. Un moderador. Y tiene que dejar que los hechos fluyan, sin intervenir, sin opinar", dice. Un ejercicio que él viene practicando hace tiempo: Parra como un ventrílocuo que da voz a la tribu callejera. "Eso es lo que hace Shakespeare... Hay muchos Shakespeare. O no hay ninguno".

En la cabecera de la mesa

En abril de 2009 Nicanor recibió una visita inesperada. Carmen Balcells, la gran madre de los agentes literarios en español, la representante de García Márquez e Isabel Allende, fue a visitarlo a Las Cruces. "Llegó en su silla de ruedas y muy tranquila me dijo: ¿Tú te opones a que te haga multimillonario?". Fue un balazo a quemarropa. Y una oferta que no pudo rechazar, afirma.

Carmen Balcells quedó encantada con Parra y lo invitó a Barcelona, pero el antipoeta ya no se sube a los aviones. "El avión es el medio de transporte más seguro, me decía ella. Después de la silla de ruedas, le dije yo".

Un año después, la sociedad con Balcells da su primer fruto: Parranda larga, una monumental antología que el sello Alfaguara edita en toda Hispanoamérica. Seleccionada por el escritor y crítico argentino Elvio Gandolfo, la edición recorre toda su obra, desde sus primeros poemas a los Discursos de sobremesa. El volumen de casi 500 páginas marca un nuevo lanzamiento internacional para Parra y se suma a la reciente traducción de sus discursos en EEUU.

"Esto se lo debo a Bolaño. La Carmen Balcells vino por él. Roberto me puso en órbita de nuevo", dice, y recuerda "la mansa frase" que le dedicó el autor de Los detectives salvajes: "Todo se lo debo a Parra". Hasta entonces, asegura Nicanor, "yo era uno de los 20 poetas chilenos. Pero Roberto me puso en la cabecera de la mesa. ¿Te acuerdas lo que escribió en Entre paréntesis?".

Con el título "Ocho segundos con Nicanor Parra", Bolaño anotó: "El que sea valiente que siga a Parra. Sólo los jóvenes son valientes, sólo los jóvenes tienen el espíritu puro entre los puros (...). Parra escribe como si al día siguiente fuera a ser electrocutado".

En el prólogo de Parranda larga, Elvio Gandolfo aporta lo suyo: "En el siglo XX los dos grandes virajes o sacudones del lenguaje poético español y latinoamericano lo propinaron el nicaragüense Rubén Darío y el chileno Nicanor Parra". Sentado en la mesa del comedor, el antipoeta se toma la cabeza con las dos manos: "Se pasóooo", exclama.

¿Le gustó la antología? "Sólo leí el prólogo", confiesa. "Los poemas los conozco; yo los escribí".

Ahora Nicanor está interesado en otro discurso: la poesía de los niños. "Los niños expresan lo que sienten. Dicen lo que piensan, no lo que les conviene. Hay que registrar lo que dicen, pero sin intervenir. Cuando el autor mete mano, se estropea todo".

Viejo buena onda

En su cuaderno el antipoeta guarda una frase de su nieto Cristóbal Ugarte, El Tololo. "Alguien le hizo una pregunta desde aquí. El iba llegando al segundo piso y contestó: Síííí, pero no me dirijan la palabra cuando voy subiendo la escalera... ¡No me dirijan la palabra cuando voy subiendo la escalera!", repite Parra. "Fenomenal". A su nieta Lina Paya también le roba frases: "Una vez llegó cantando y todos nos pusimos a cantar con ella. Entonces se calló y dijo: !No! Ustedes no cantan. Yo canto. Ustedes aplauden".

Uno de sus últimos hallazgos se lo dio el hijo de un vecino del Vaticano, como le llaman al sector donde vive: "El Manolito Bianchi, hijo del periodista deportivo. Estábamos en una mesa larga, toda la aristocracia de Las Cruces. Entonces el Manolito se paró, miró al Pancho Casas, el de las Yeguas del Apocalipsis, y dijo: ¡Subicao! Se cree mujer... Pero igual es hombre".

Parra celebra las ocurrencias de los niños, así como las frases de los choros del puerto. Uno de ellos le dijo una tarde: "Chistocito el huevón". "Esa es una frase que se dice antes de sacar el cuchillo", cuenta.

A los 95 años, el antipoeta no se queda quieto. Le gusta callejear por Cartagena y San Antonio. "Una vez me fui a meter a los cerros de Cartagena. Había un grupo de flaites. Y pasé por el medio. Uno me paró, me dijo ¿qué tenís ahí? y me quitó el cuaderno. Se puso a leer y le dio ataque de risa. Entonces me abrazó y me dijo: El viejo buena ooooonda". Con los flaites de Las Cruces también ha hecho buenas migas. "Tío, tío, una monea, me dicen. Y yo les doy. Así me respetan", dice. Y sentencia: "La poesía tiene que tener un componente flaite. Si no, no funciona".

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