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Editor: Neville Blanc

Monday, August 27, 2007

FALLECE BIBLIOFILO ESPANOL

Adiós a un político bibliófilo
Manuel Tarancón falleció ayer en Valencia a los 49 años, después de dedicar 28 a la política

N. C. / F. B. // El Pais
Manuel Tarancón falleció ayer en Valencia a la edad de 49 años a causa de un cáncer que combatió hasta el final, sin abandonar la política, a la que dedicó 28 años de su vida. Fueron, de hecho, su vocación política, su estima por el valenciano y su afición por los libros los rasgos más definitorios del ex consejero de Educación y Cultura. Nacido en Borriana en 1954, casado y con dos hijos, licenciado en Filosofía y Letras y funcionario de la Seguridad Social, Tarancón participó en el proceso de elaboración del Estatut d'Autonomia y fue consejero de Agricultura en el primer gobierno autonómico presidido por Enrique Monsonís. Fue teniente de alcalde de su ciudad hasta 1982 y tres años más tarde se afilió a Alianza Popular. Desde el refundado PP participó en la creación de RTVV. Más tarde pasó de nuevo a la política municipal de Valencia, siendo teniente de alcalde con Rita Barberá desde 1991 a 1995. En este intervalo ejerció de secretario y presidente provincial del PP en Valencia. En 1995 llegó a la presidencia de la Diputación de Valencia, hasta que en 1999 pasó a la Consejería de Educación y Cultura. Paralelamente a su ascensión política se diluía su influencia orgánica en el seno del PP.

Pese a varias operaciones, Tarancón se mantuvo hasta las últimas elecciones como consejero. Falleció en el hospital General de Valencia, siendo diputado de las Cortes Valencianas. A las 11 horas de hoy se abrirá la capilla ardiente en el Palau de la Generalitat y a las 17.00 se oficiará el funeral en la iglesia del Temple de Valencia. La Diputación ha decretado tres días de luto.
En la transición, Tarancón se granjeó fama de persona moderada, dialogante y liberal. Algunos vieron en él un exponente de la derecha civilizada. No en vano, le gustaba recordar su parentesco (sobrino segundo) con el cardenal Tarancón y su defensa del valenciano, del que discutía su filiación. Ya en la Diputación cobijó a los promotores de la llamada tercera vía, un intento por mantener una grafía diferenciada de la normativa académica del catalán sin caer en los despropósitos mayúsculos del secesionismo lingüístico, aunque participó en la instrumentalización del conflicto convertido en batalla política. En cualquier caso, sus adversarios políticos reconocen su estima por el uso de la lengua autóctona. Posiblemente, su última gran frustración personal fue no ser nombrado presidente de la Acadèmia Valenciana de la Llengua.
De su paso por la Corporación provincial queda el legado cultural del Museu Valencià de la I.lustració i la Modernitat, un empeño personal que pone de manifiesto su afición bibliófila. También fue el artífice de la extinción de la prestigiosa Institució Valenciana d'Estudis i Investigacions (IVEI), al mismo tiempo que iniciaba la recuperación de la figura del escritor socialista exiliado Max Aub y de Vicente Blasco Ibáñez. Intentó racionalizar una institución compleja y anacrónica.
Como consejero de Cultura, Tarancón participó en la creación de la AVL, creó la dirección general del Libro e inauguró la Biblioteca Valenciana, a la que donó su importante biblioteca personal. Pero el protagonismo cultural lo cedió en gran medida a la actual secretaria autonómica de Cultura, Consuelo Ciscar.
Por el contrario su papel en Educación fue determinante desde el principio. El retraso acumulado en las construcciones escolares era un lastre demasiado pesado ante las casi diarias protestas de los padres de alumnos y profesores por la congelación salarial. A ello se sumó la obligación de tener que aplicar una de las decisiones educativas más polémicas del Gobierno popular: consumar la operación de los conciertos comprometidos por su predecesor Francisco Camps con una decena de colegios de élite y religiosos vinculados al Opus Dei.
Pese a la fuerte embestida y crisis en la consejería, que hacía previsible su salida hacia la Acadèmia como una forma sutil de jubilación, Tarancón se mantuvo en el Gobierno lanzando una ambiciosa oferta de diálogo social, bajo el epígrafe de Pacto por la Educación, unido a su compromiso personal de "culminar el Mapa Escolar" antes de 2004. Y así lo propuso hasta abandonar la consejería, peleando hasta el final por un Mapa Escolar tras declarar que después de tantos años creía que había llegado "al máximo" al ser consejero de Educación y Cultura.
Las pasadas Navidades, Tarancón evidenció de nuevo su bibliofilia. Felicitó las fiestas con una obra escrita por él mismo que significativamente empezaba: "Desiderio Escribano, escritor en ciernes, anhelaba legar a su posteridad una obra redonda...". La dedicatoria suena hoy a triste y entrañable despedida: "A quienes han sufrido mis obsesiones a lo largo de los años, sobre todo a Encarna, Manolo y Paula. Sé que algún día me perdonarán". Tarancón falleció silenciosamente, a cinco semanas de su fecha mágica, ese 16 de marzo que hubiera anotado en su personal bitácora, como hacía puntualmente: "Serán entonces 28 años de actividad política ininterrumpida".

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